viernes, 6 de marzo de 2009
viernes, 27 de febrero de 2009
Ya vamos por el N° 4

El cuarto número de El Salmón - Revista de Poesía se titula Soldado. En los textos recogidos en este número la palabra y el fusil se entrelazan en un mutuo y violento intercambio de vapores. El poema es el arma y la bala, el pecho y la mano que aprieta el gatillo. Cuando el poeta combatiente revela (no desde la manada ni el ejército) una voz que se urge ajena al poder, se convierte en la última trinchera con sentido.
Luis Moreno Villamediana explora la obra de Ismael Urdaneta, un casi desconocido poeta marabino que combatió en la Primera Guerra Mundial, tras alistarse en la Legión Extranjera. Pausides González presenta una lectura de Maquillando el cadáver de la revolución (1977) de Julio Miranda. El mismo Miranda, por su parte, ofrece una lectura de Fuera del paraíso (1970) de Arnaldo Acosta Bello, en un texto rescatado de su estudio Las aventuras imaginarias (1991). El dossier viene cargado con poemas de Ismael Urdaneta, José Lira Sosa, Víctor Valera Mora, Lucila Velásquez, Jesús Sanoja Hernández, Lydda Franco Farías, Víctor Salazar, Ángel Miguel Queremel, Olga Luzardo, Juan Martín Echeverría, Argenis Daza Guevara, Alí Lameda, Julio Miranda y Arnaldo Acosta Bello. También, el lector encontrará una selección de Nada sobre Piedra, poemario inédito de Reynaldo Pérez Só, y un sorprendente poema del joven José Delpino. El recorrido culmina con tres breves notas sobre poemarios de José Antonio Castro, Antonio Urdaneta y Lucila Velásquez.
Este número representa un nuevo año para El Salmón, lo que significa la superación de algunos hitos hemerográficos, que condenan a uno o a tres números a la mayoría de las publicaciones independientes sobre poesía que aparecen en el país. El aniversario trajo, además, un aumento en el número de páginas y mejoras en el papel y la calidad de la impresión, todo gracias a las prensas de Editorial Ex Libris.
Próximo número: "Vulgar".
El alevín II - José Delpino
Nuevamente aprovechamos nuestro blog para ampliar la muestra aparecida en "El alevín", sección de El Salmón dedicada a promover nuevas voces de nuestra poesía. Esta vez se trata del poemario Phanes, de José Delpino, del cual presentamos el texto XIII.
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XIII
cae el monte
se desgrana como pan humedecido por una gran boca
y su altura escupe su caída
el monte
en su vertical de ramillete seco
el monte
que desgrana como una torta de trigo oscuro
y en la vena hincada, entre los bloques de piedra,
la saliva inyecta haciendo barro
la tierra cuece
la falda gira
la cinta del pelo se ciega en el piso
la pendiente hincha el pie
la pendiente del monte que rueda
cunde noche
la fronda verde abre su sello
el agua suelta voces
la cortada sonora de un hada inmensa
cunde fronda
un cuerpo dormido yergue su herida
esta tierra se hace boca
promulga otra boca en otra tierra
esta tierra traga pies
esta tierra lame torsos
come la luna el sexo en el barro
come la baba negra en la greda
la luna carne
la luna tierra
piedra del cielo oscura
cae el monte
la noche que cunde
la fronda verde abriendo
el ojo de soslayo tras la reja de hojas
el ojo de soslayo tras la reja de hojas
cuece distancia
cuece piedra el torso
cuece el brazo y hala
viene
baja
del monte crece el ruido
una turba de pies mostrando el carbón de planta
al tiempo
al monte
una turba de cuerpo inmenso
cae el monte
gira la falda y suelta la herida
suelta el pie tras el pie la carrera
suelta cinta
suelta hogueras de pelo
hace boca su tierra
pronuncia el borde rojo
inmenso
mínimo
cielo
cielo vientre tu sordera blanca
la hiedra que turba
que se tumba en el barro
el ojo de soslayo tras la reja de hojas
el ojo de soslayo tras la reja de hojas
muda
muda recojes tu pelo
bajando el monte con tu saya henchida,
con tu turba de piernas erguida sobre la vertiente honda
erguida sobre la mordiente
allá
bajando
pies desnudos
hiedras torvas
retumban los pilares batientes sonriendo con sus plantas negras
al monte
al tiempo
caen pasos
caen pasos
la sangre coagula en flores
el frío, la lengua, coagulan
encienden abismos de pétalos
cae
cae tu seno al viento y lo empoza de carne
cae roja enredadera la lengua y se entorna por la nada
entre las hogueras
entre las lejanías
suena
suena penitente llamada tu grupa animal
suena tu cadera penitente huida
tromba embestida agua
cae el monte
cae el monte
cierras el paso con tu fronda de plata
con tu agria bebida negra en mi boca
con tu muñeca rota
frágil
quebrada
caen
reptan pétalos sobre la entraña oscura
cae
late víscera tu pecho
late aire y pulsa
pulsa
la mole verde
la mole viento que gira
quiebran círculos las hojas rojas
crece el aire su lengua y gira
hincha de ramaje el muro
late
late víscera tu pecho
late aire y pulsa
el labio musita su partida
pronuncia su borde rojo
cae en el envés del aire
inmenso
mínimo
cielo
es cielo vientre tu sordera blanca
una cruz en el desierto de los cielos
un abismo de ojos que ciñen tras la fronda
negra
santa oscura de manos encendidas
roja
santa de abismo
fruto de tu vientre la tarde
fruto de tu vientre caída
fruto de tu vientre mi semen de plata
fruto de tu vientre mi lengua
fruto de tu vientre la nada
fruto de tu vientre María rota
fruto de tu vientre María ciega
Santa madre de los dedos que miran
mordida es fruta nuestros pechos
nuestros pechos en hondas verticales
Santa madre de los dedos que miran
Santa madre de los dedos que miran
torre de marfil la punta de tu lengua
rosa de mirra
cuece tu sexo roto su labio
come fruto tu sexo
come sexo roto
come labio
come sexo erguido
come santa
come caminante
traga tiempo
lame brisa con su boca negra
con su oro rojo
con su carroña de hálito dulce
y traga tiempo
traga tiempo
traga tiempo
cae el monte
cae el monte a tu paso
y a tu paso se desatan las trancas de la lluvia
cae el monte de gente
cae el monte dormido
cae el monte
cae el monte
cae el monte y suena un río de entraña
de tu pie
que se yergue
alto
sobre la mordida
SOLDADO - 2.000 estrellas más arriba de la estrella polar

2.000 estrellas más arriba de la estrella polar
pasé, muerto de frío, con la luna en los brazos,
escupí las ciudades, las avenidas chisporroteaban como cirios
enfrente de las casas lucían llamas cuidadas como un árbol
sin conocimientos del agua.
Los cuartos con señoritas, los patios con mastines,
los manteles esperaban ansiosos el tintineo de cuchillos,
la consagración del vino donde una larva roja
huía entre el reflejo de las botellas.
La muerte de los pavos no cabía en las bandejas,
comidos fuera de navidad, sus huesos fueron arrojados
por la puerta de atrás de los pobres.
2.000 estrellas más arriba de la estrella polar, en una galaxia bella
no puedo describirla, fundé mi casa entre horcones de oro macizo
y puse un número también bello para distinguirla.
Seis días de trabajo y al séptimo colgué mi ropa por el cinturón
y salí al aire a lavarme las manos.
¿Qué hacen varadas las poblaciones con un cementerio a la salida
otro a la entrada, cada cual golpeando encima de su fosa
un metro alto de tierra sobre la cual se riegan las amapolas?
¿Qué hacen varadas las poblaciones con tallos de neón
siempre a la misma hora y con analfabetos buscando sus parientes
en direcciones anotadas entre letras gigantes, del tamaño de una pulgada?
¿Dónde el río, dónde el mar?
Talé montañas completamente olorosas, mi hacha se quebró
y busqué otra, más dura, oída en el Mediterráneo.
La gente oía los golpes y recibía noticias de incesante labor.
Icé las velas a orillas de los océanos
con provisiones que no le daban tregua al diente.
Mares rojos, mares inmóviles, mares espantosamente altos.
Los continentes recibían cada mañana un beso
los doblaba por detrás de penínsulas y las aves volaban encima
del timón como sobre una rosa.
No fue hoy, puedo decir que siempre. Aun antes del humo
cuando forzaba caracoles y destrozaba sus tapas para alimentarme,
cuando el cobre despertó clarín y el hierro recamaba los pechos
y lucía en las cabezas y en las picas sobre astas de madroño.
Ni yo ni mis cabellos éramos visibles, pues el polvo ejercía sus dominios.
Sólo mis órdenes a través de lo espeso
sólo los corazones manando sangre.
¡Ciudades mías, con brea ardiendo sobre los techos!
¡Siervos, adoro los domingos cuando salgo a bautizar vuestros hijos!
Dadme un almud de trigo y está bien. Os doy un calendario lleno
de Santos y mis iglesias queman incienso y canto sobre el atrio a coro.
Cazo mis jabalíes y no pregunto nada. La historia está sobre los
espinazos, marcadas con hierrro las gibas.
Cuando debía durar, duró. Somos exactos y entre desmayos
pasé por guillotinas cabezas coronadas. Fundí la cera
que sellaba los labios, visité las imprentas y durante tres noches
hubo más escritura que luises del Imperio.
Nieve de calofríos. Le jour de gloire est arrivé
como un gran día, como un gran día.
Mucha necesidad de mar, como si el mar fuera de ingleses y de España.
Yo soy Sir Walter Raleigh de relente, y ya está distinguido ese
barco con siete capuchinos dormidos sobre cubierta.
¿Cómo evitar mis cañones de Sotavento, mi sonrisa pisando la seda
contando con un golpe de ojo las perlas, los doblones y todo cuanto
pueda aprovechar, reina mía?
Envío de los tesoros del cielo y de la tierra y los que lleva el mar.
Como una divinidad, y esto es otra cosa, las arenas de Asia
fueron guardadas entre cajones, finas, como cintura de la más bella hindú.
El mapa de las especias, más codiciado que sexo de egipcia, en el
puerto de Londres, marea de los mercaderes y entre sorbos de whisky
trazan con lápiz rojo los nombres misteriosos.
Oriente brilla como un brazalete de seda marcado con pedrerías.
2.000 estrellas más arriba de la estrella polar, el mundo hacíase
a su antojo, en tanto el Missisipi lleno de negros ahogados
y negros que ondean blancas vegas o negros sobre una rubia pradera
de tabaco. Negros arponeados y hundidos con la madera del arpón
hasta las costillas, empujados al fondo de la corriente, awk, awk, awk.
África recordada como en navidad, pateaban por el culo y caían de cabeza.
60.000 barcos florecían diseminados en el estuario.
Poco después de Abraham, trenes y aviones y una carreta llena
de pieles rojas despellejados, arrojados bocabajo. Los buitres
se tragaban los ojos en tanto Wall Street se erguía con ala de
platino tendida sobre los suyos.
Nos, americanos y latinos por añadidura, por la teta que despierta
hacia África, llegaron lusitanos dormidos bajo la gaita y el resto
de la tierra se ornamentó de españoles. Varones barbirrojos plantaron
un cafeto con círculos de agua brillando sobre la raíz.
El Dorado enterró rubios Belzares que lloraban por una cerveza
y hablaban con Sigfrido sobre el anca de los caballos.
2.000 estrellas más arriba de la estrella polar una luz vagabunda me ilumina
la cara y el corazón es nítido como el fruto de un árbol.
Más acá del Dunquerque, entre detonaciones ¡nada de infiernos! París
recostaba su Arco de Triunfo como un tulipán sobre el pecho de un muerto, y
Nagasaki saltó, tal una liebre, arrojada en el fuego.
Poderosos, semejantes al mar, los soviéticos balancean los hombros
y cantan con estruendo jamás conocido.
Entre sotos y moreras los chinos riegan su patria con arroz, como
en la boda y grandes torres ¡jamás arrepentidas! truenan sobre la infancia más bella.
Cuba nos mana del corazón como un chorro de sangre que llega hasta los cielos
y los pinta de oro, 2.000 estrellas más arriba
de la estrella polar. ¡Mi casa está teñida de alegría entre horcones de oro macizo!
Arnaldo Acosta Bello
De Fuera del paraíso. Caracas: Monte Ávila Editores, 1970. pp. 63-68.
Biblioteca Nacional de Venezuela. Cota: V861.44 A185f
sábado, 31 de enero de 2009
Duerme usted, señor presidente?


_____bailara tango
_______________con sus ministros
_____y sus jefes de amor
nosotros podríamos
oir
___de noche en noche
su taconeo
de archiduque
o duquesa.
Podríamos reír
sólo de verle,
ridículo como es,
esperar los aplausos
de toda la gendarmería
frenética.
Claro que uno está cansado
y quiere un poco de diversión
_____monstruosa,
como ésta
_____de verle
con la lira en el cuello
_____colgada,
como un romano
o como una romana
ciega de absurdas creencias geniales.
Si en vez de prometer
el descubrimiento de la piedra
______________________filosofal
que ha de producir pan
_________________y billetes de veinte
se dedicara,
por lo soberbio que es,
a vender patatas podridas
o maíz rancio,
los indios de esta nación
le llamarían
______Cacique Ojo de Perla.
Si en vez de llorar
te murieses un día de estos,
_______como una puerca elegante con sus grasas
importadas del Norte,
nosotros,
que estamos cansados
______________de tanta estúpida confesión,
pondríamos a bailar las piedras
y los árboles darían frutos manufacturados.
_____Con tu vieja y putrefacta osamenta,
alimento de ratas,
llenaremos un solo lugar de esta tierra
y la llamaremos
____________la Cueva Maldita
y será proscrita de ver
y de acercarse a ella
por temor a despertar tus histéricas
_______________________ternuras.
Te llaman
José el de los sueños,
el de las vacas sagradas,
el dueño de las vacas más flacas
______y
Presidente de la "Sociedad Condal del Sueño".
Tus amigos te llaman
_______________Barbitúrico.
¿Hasta cuándo duerme usted, señor Presidente?
Si adora la vaca,
____________¡duerme!
Si al becerro adora,
____________¡duerme!
Y si el General le da su almuerzo,
duerme como una lirona
o le da una pataleta de sueño.
Cara de Barro,
Ojo para ver las Serpientes
_____________________y llamarlas,
Ojo para hacer compañía
y quemarte
con el humilde Kerosene,
Ojo para tenerse a mi servicio
como mozo de alcoba
_______________barato.
¿Duerme usted, señor Presidente?
_______Le pregunto por ser joven apuesto
_______y no como usted, señor de la siesta.
Ojo de barro y Water de Urgencia.
De Duerme usted, señor presidente?
Caracas: Ediciones del Techo de la Ballena, 1962. s. npp.
Biblioteca Nacional de Venezuela. Cota: V-43 C-442
Adriano González León
De "Investigación de las basuras". Prólogo a Duerme usted, señor presidente? de Caupolicán Ovalles.
domingo, 18 de enero de 2009
2do. Taller de lectura colectiva - Cruce de aceras. Dos poetas en Chacao
dragón hasta que un
poeta no lo decide.
Ludovico Silva (1937-1988)
Sentí pesar de media vida
cuando cesó el estruendo
y advertí que mi alma era su cueva,
que yo era mi dragón, mi enemigo inmediato
Eugenio Montejo (1938-2008)
martes, 18 de noviembre de 2008
Ya llegó el N° 3

martes, 21 de octubre de 2008
El alevín

En el N° 3 de El Salmón - Revista de Poesía inauguramos una nueva sección llamada "El alevín", espacio dedicado a las nuevas voces que se encuentren emergiendo (o sumergiéndose) en la poesía venezolana actual. En esta ocasión utilizaremos nuestro blog para complementar la selección de textos que hicimos para "Artefactos" del poemario Variaciones no estables del hablante 5972, escrito por Elizaria Flores, poeta venezolana radicada en Mérida.
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Ficción
Sombras que ocultan una sombra
Trama de huidas cotidianas
Soflama y artificio
Me escondo en el relato diario
2.
Olvido, desdibujo, larga caída en un abismo liso con espejos
Girar sobre sí mismo y fragmentarse
Esta es mi fatua inmolación del día, suplicio inútil
10.
Una mujer y su sigilo dormitan al filo de la calle
Estrecha en callejón y deslustrada, la calle guarda ciertas atrocidades
La palabra geranio con sus muertos, un odio, una vigilia
Cierta fragancia que pudo ser el mar o la agonía
La madrugada es breve
17.
En el filo bailando, en las horas pico, contando los pasos
Al borde de la raya amarilla
Sin estridencias
Viendo pasar los trenes, calmadamente calcular distancias
Esto es la lucidez y la cordura
35.
Las noches caen inclementes
Con vidrios rotos y con frío, las noches caen sobre la ciudad
Una arenilla fina
Hojas secas
Insectos.
36.
En las noches que son para morir, no muero
Vago entre todo lo dispuesto mientras la muerte ostenta sus carros y sus balas
Sus ladridos, sus pájaros, sus voces agitadas
Órdenes y elecciones exhibe sus catálogos, impúdica
Mi negativa es su estupor. No muero
elizaria@gmail.com
SATURNIANA
A C. Zumeta.
*
* *
Vamos a los caballitos!
Cada uno estrellas!
No son aviones!
Ni vacas!
Hu! Hu!
Son naciones cinco!
Que dan vueltas
Como gotas!
Ha! Ha!
Con música de Marte
en cuerda de Orinoco!
Míralos!
y sube!
He! He!
Tus cornucopias abundancia
embistiendo a miseria
Banderas! Espigas!
Pampa azul!
Ho! Ho!
En ella: Forwards!
C. V. Un par de coces!
Blanco potro!
Llanero!
Hi! Hi!
___El lenguaje original de este canto tiene cierta analogía con el de los latinos que habitaban la Tierra, siendo sin embargo del grupo de lenguas peninsulares, desaparecidas con el cataclismo que hundió a España e Italia y parte del Mediodía de Francia. El idioma menesolano (Menesola se llamaba el país donde lo hablaban) nos da una idea de lo que era el extinto español, italiano o francés, y muestra además la influencia de otras razas comerciantes, pues se parece a las palabras de las claves que nosotros usamos en nuestro comercio con los planetas. De los Menesolanos se sabe poco, pero sí está puesto en claro, que su anhelo era morir al tener uso de razón y no la empleaban sino con este fin, llegando a él sea por medio de discusiones o de guerras1, dirigidas por Menesolanos que no tenían lo que llamamos en Saturno, prestigio ni patriotismo, pero que los Menesolanos seguían ciegamente con tal de perecer. Tenían tan desarrollado este instinto que si por casualidad alguno de ellos tenía la buena idea de mantenerlos en paz, todos se ponían a conspirar contra él y lo vilipendiaban. Este modo de pensar, es para nosotros tanto más incomprensible cuanto que los Menesolanos no podían como nosotros morir en el Planeta y resucitar en el Anillo, a voluntad! Pero de nada debemos extrañarnos cuando se trata de un Planeta tan atrasado como fue la Tierra. Y además, mal podemos darnos idea de Menesola, que como París, p. ej., causa tantas discusiones en el mundo de los sabios saturnianos. Si de París sabemos con toda exactitud que estaba situado en el Istmo que unía el océano Atlántico al Pacífico, no tenemos tal certeza con respecto a Menesola que el eminente List Uao colocó, primero en el Polo Norte de la Tierra y luego, corrigiéndose, en el Polo Sur! Lo que sí parece es que este pueblo había logrado servirse de los ríos para captar la música que tocaban en Marte. Problema que no hemos podido resolver nosotros y que sea dicho con franqueza, es una vergüenza.
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___1.___Después de una marcha por las costas de Cororo, penosa y mortificante para el Ejército tuvimos un percance: Dos vapores del Gobierno Nacional, viéndonos andar por plenas sabanas se nos vinieron encima para ver qué fuerzas éramos y tanto yo que era el jefe como el del Estado Mayor General presentimos un desastre, porque las tropas les tenían pavor a los cañones y así nos desbandamos en lo que éstos empezaron a tirarnos ponchas… Pudimos reunirnos tierra adentro, y gracias a un indio viejo que topamos en un rancho sin techo, salimos al pueblo de Cocuyo donde fuimos recibidos por los habitantes y tres cajas de música tocadas por tres italianos pianiteros. Estuvimos allí una semana y levanté un emprésito forzoso a nombre de los Principios, dedicándome a enseñarles a los oficiales la guerra de guerrillas, tal como la entendía el Estado Mayor General de Generales que componían nuestras tropas, en donde había solo cuatro soldados rasos no ascendidos por no tener más títulos de General entre los papeles del archivo, que metidos dentro de cuatro latas, formaban la carga de una mula negra muy mañosa. Ya descansados decidí abrir operaciones y destacar un cuerpo de 25 hombres hacia la boca del río; tuvo que retroceder, porque en ella estaban otra vez las cañoneras lloviendo plomo. Entonces me hablé con el inglés jefe de la mina de cobre para que fuese a bordo y les dijera que no nos tirasen pues la tropa se componía de oficiales. Le contestaron que fuera yo a decirlo o que me presentara a las tropas del Gobierno, acampadas al fin de la línea del ferrocarril que salía de la mina. El Estado Mayor General se reunió en casa del inglés, donde por poco nos matamos echándonos la culpa de lo que pasaba. El inglés aceptó dejarnos ir por la línea a condición de que le pagaran una pila de libras esterlinas por los daños que iba a sufrir. El comandante de las cañoneras convino en que la reclamación la pagaría el Gobierno, si el inglés le arrimaba la canoa después.
Nos pusimos en marcha por la vía del ferrocarril, pero antes, formamos una tirería al aire para gastar las cápsulas. Procedimos a quemar los papeles y le regalé la bandera al indio baqueano para que le sirviera de cobija por ser de lana colorada. Cuando llegamos a entregarnos, fue con las botas rotas y las bestias mancadas, pues el balasto era ganga de cobre, que cortaba como un ácido las suelas y los cascos.
(STBL&AI&OA&RC&NS)
Presidente del Triángulo de los Dos Lados —
Director del Cubo Científico del Anillo —
Inventor de los Asteroides Reconstituidos y Ministros para
las Relaciones con Planetas Atrasados. —
Saturno 10.0001/99/00).
Salustio González Rincones
De La yerba santa (1929).
En Antología poética. Caracas: Monte Ávila Editores, 1977. pp. 177-181.
Biblioteca Nacional de Venezuela. Cota: V861.42 G643
martes, 7 de octubre de 2008
Hechos

No tengo alianzas. Declaro mi aversión a los círculos, a las espirales, a las oficinas, a las policías, a los museos.
Amanecí como decía mi madre. Deseo pelear. Mi nariz anda en busca de ustedes. Prepararé mi hígado. Mis vísceras brillan, mis castigos no existen en tratados, no están en códices.
Me basta el ojo.
He contemplado demasiado, he esperado este momento, he callado y vuelto a callar, he perdido el tiempo, he permanecido cocodrilo en agua de zoológico. Cerrando un ojo, abriendo otro, mostrando dientes a distancia.
He reunido en mis gavetas toda letra caída.
Como ustedes prefieran: libros, artículos de prensa, cadáveres exquisitos, paneles.
Mi cuarto está tapizado de recuerdos. Catálogos, estupideces. Los bolsillos rebasan de estos arenques.
Vuestra conversación ha pasado por mí como por un cable de teléfonos. Mientras la espuma descendía en vasos, espiaba, parecía un águila.
Ahora soy esta catapulta.
De Hechos. Caracas: Ediciones Tabla Redonda, s.f. (1960). pp. 9-10.
Julio Miranda
De Las aventuras imaginarias
(Lectura intratextual de la poesía de Arnaldo Acosta Bello).
Caracas: Academia Nacional de la Historia,
El libro menor N° 174, 1991. pp.57-58.
lunes, 6 de octubre de 2008
Sobre algunas iniciativas en la poesía venezolana actual



