A finales del año 1980 se realizó en los altos de la Sala Ocre de Sabana Grande, en Caracas, una exposición que llevó por título El paquete erótico. Fragmentos de la memoria erótica de Venezuela, coordinada por el artista plástico Víctor Hugo Irazábal y el “Grupo Marginal Contracorriente”. Dicha congregación de casi ochenta artistas produjo un gran revuelo y numerosos artículos de prensa que alababan o destrozaban las obras expuestas.
La muestra contemplaba la elaboración de un producto editorial; un “paquete” en el que se contenían alrededor de trescientas hojas individuales multigrafiadas que reproducían dibujos, poemas, caricaturas, fotografías y materiales populares anónimos, los cuales componían una suerte de memoria fragmentaria de la pornografía y el erotismo en nuestro país.
Obras de Rolando Peña, Víctor Hugo Irazábal y José Vilela
En este “paquete” (que pesaba cinco kilos y costaba 350 bolívares) se recogieron, entre muchos otros materiales, obras de los artistas Víctor Hugo Irazábal, Vasco Szinetar, Antonio Lazo, Guillermo Sojo, Octavio Russo, José Vilela, Eneko, Pedro León Zapata, Aníbal Ortizpozo, Jacobo Borges, Perán Erminy, Gillermo Abdala, Oscar Vásquez y Gilberto Ramírez.
Poemas de Vasco Szinetar, Rubén Monasterios y Rafael Cadenas
También se compilaron poemas de Rafael Cadenas, Juan Calzadilla, William Osuna, Juan Liscano, Antonio Urdaneta, José Lira Sosa, Alfredo Chacón, Miguel Márquez, Yolanda Pantin, Armando Rojas Guardia, Nelson Boscán, Laura Antillano, Cósimo Mandrillo, Cecilia Ortiz, Rubén Monasterios, Matilde Daviu, Amparo Alzate, Ángel Miguel Queremel, Josefóscar Ochoa y Carlos Borges. Algunos de estos textos fueron escritos especialmente para la exposición, y no es posible encontrarlos en libros publicados posteriormente por los autores. También se recolectan en este compendio textos narrativos de Salvador Garmendia, Gabriel Jiménez Emán, Armando José Sequera, Denzil Romero y Chevige Guayke, siempre diagramados en compañía de algún dibujo, collage o fotografía. Puede señalarse como un dato de valor la presencia de sendos cuentos de los poetas Carlos Contramaestre y Andrés Athilano.
Algunos materiales populares anónimos incluidos
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Algunos de estos materiales han sido reproducidos en el N° 5 de la revista El Salmón, el cual se titula “Vulgar” y será presentado próximamente en Mérida, Caracas y Coro. Este número, como ya puede adivinarse, intenta la legitimación de la grosería, del erotismo explícito, del improperio y de las dinámicas de la vulgaridad como sustancia poética presente en la literatura nacional. Se trata de la ocasión de presentar un corpus poético que la crítica institucionalizada ha excluido casi por completo de sus lecturas. Pronto comunicaremos más detalles de la edición y las fechas, lugares y horas de las presentaciones.
Queremos dejar constancia de nuestro agradecimiento al Sr. Víctor Hugo Irazábal por haber prestado el material y autorizado su digitalización.
De tu ciudad lluviosa, entre la noche te escapaste hacia este trópico con tu largo caminar, tu soledad de perro ensimismado, toda tu antigua mierda de viejo soldado, todo ese caminar de chivo loco que anduvo por las estepas rusas tirando balas a los bestias negros de cruz gamada, asomándote a la cama de Catalina con sus cuatro penes gigantescos. Oh Jesús de Bilbao vuelve a pelear, resucita tu campo de batalla, siempre tendrás en mí al amigo fiel que te recogerá como a un soldado cansado de luchar contra el muro feroz de la esperanza.
____________________18-6-79
Ludovico Silva De Piedras y campanas. Caracas/Bogotá: Editorial Rayuela/Editorial Pluma, 1979. p.86. Biblioteca Nacional de Venezuela. Cota: V861.44 S5864
Se les invita a la presentación del 4to número de El Salmón - Revista de Poesía, el jueves 5 de marzo de 2009 a las 7.00 pm en los espacios de la librería El Buscón, ubicada en el Nivel Trasnocho del C. C. Paseo Las Mercedes. Los esperamos.
El cuarto número de El Salmón - Revista de Poesía se titula Soldado. En los textos recogidos en este número la palabra y el fusil se entrelazan en un mutuo y violento intercambio de vapores. El poema es el arma y la bala, el pecho y la mano que aprieta el gatillo. Cuando el poeta combatiente revela (no desde la manada ni el ejército) una voz que se urge ajena al poder, se convierte en la última trinchera con sentido.
Luis Moreno Villamediana explora la obra de Ismael Urdaneta, un casi desconocido poeta marabino que combatió en la Primera Guerra Mundial, tras alistarse en la Legión Extranjera. Pausides González presenta una lectura de Maquillando el cadáver de la revolución (1977) de Julio Miranda. El mismo Miranda, por su parte, ofrece una lectura de Fuera del paraíso (1970) de Arnaldo Acosta Bello, en un texto rescatado de su estudio Las aventuras imaginarias (1991). El dossier viene cargado con poemas de Ismael Urdaneta, José Lira Sosa, Víctor Valera Mora, Lucila Velásquez, Jesús Sanoja Hernández, Lydda Franco Farías, Víctor Salazar, Ángel Miguel Queremel, Olga Luzardo, Juan Martín Echeverría, Argenis Daza Guevara, Alí Lameda, Julio Miranda y Arnaldo Acosta Bello. También, el lector encontrará una selección de Nada sobre Piedra, poemario inédito de Reynaldo Pérez Só, y un sorprendente poema del joven José Delpino. El recorrido culmina con tres breves notas sobre poemarios de José Antonio Castro, Antonio Urdaneta y Lucila Velásquez.
Este número representa un nuevo año para El Salmón, lo que significa la superación de algunos hitos hemerográficos, que condenan a uno o a tres números a la mayoría de las publicaciones independientes sobre poesía que aparecen en el país. El aniversario trajo, además, un aumento en el número de páginas y mejoras en el papel y la calidad de la impresión, todo gracias a las prensas de Editorial Ex Libris.
Nuevamente aprovechamos nuestro blog para ampliar la muestra aparecida en "El alevín", sección de El Salmón dedicada a promover nuevas voces de nuestra poesía. Esta vez se trata del poemario Phanes, de José Delpino, del cual presentamos el texto XIII.
..................................................... XIII
cae el monte se desgrana como pan humedecido por una gran boca y su altura escupe su caída el monte en su vertical de ramillete seco el monte que desgrana como una torta de trigo oscuro y en la vena hincada, entre los bloques de piedra, la saliva inyecta haciendo barro
la tierra cuece la falda gira la cinta del pelo se ciega en el piso la pendiente hincha el pie la pendiente del monte que rueda
cunde noche la fronda verde abre su sello el agua suelta voces la cortada sonora de un hada inmensa
cunde fronda un cuerpo dormido yergue su herida esta tierra se hace boca promulga otra boca en otra tierra esta tierra traga pies esta tierra lame torsos
come la luna el sexo en el barro come la baba negra en la greda la luna carne la luna tierra piedra del cielo oscura
cae el monte la noche que cunde la fronda verde abriendo el ojo de soslayo tras la reja de hojas el ojo de soslayo tras la reja de hojas
cuece distancia cuece piedra el torso cuece el brazo y hala viene baja del monte crece el ruido una turba de pies mostrando el carbón de planta al tiempo al monte una turba de cuerpo inmenso
cae el monte gira la falda y suelta la herida suelta el pie tras el pie la carrera suelta cinta suelta hogueras de pelo hace boca su tierra pronuncia el borde rojo inmenso mínimo
cielo cielo vientre tu sordera blanca la hiedra que turba que se tumba en el barro el ojo de soslayo tras la reja de hojas el ojo de soslayo tras la reja de hojas
muda muda recojes tu pelo bajando el monte con tu saya henchida, con tu turba de piernas erguida sobre la vertiente honda erguida sobre la mordiente allá bajando pies desnudos hiedras torvas retumban los pilares batientes sonriendo con sus plantas negras al monte al tiempo
caen pasos caen pasos la sangre coagula en flores el frío, la lengua, coagulan encienden abismos de pétalos
cae cae tu seno al viento y lo empoza de carne cae roja enredadera la lengua y se entorna por la nada entre las hogueras entre las lejanías
suena suena penitente llamada tu grupa animal suena tu cadera penitente huida tromba embestida agua
cae el monte cae el monte cierras el paso con tu fronda de plata con tu agria bebida negra en mi boca con tu muñeca rota frágil quebrada
caen reptan pétalos sobre la entraña oscura cae late víscera tu pecho late aire y pulsa pulsa la mole verde la mole viento que gira
quiebran círculos las hojas rojas crece el aire su lengua y gira hincha de ramaje el muro
late late víscera tu pecho late aire y pulsa el labio musita su partida pronuncia su borde rojo cae en el envés del aire inmenso mínimo
cielo es cielo vientre tu sordera blanca una cruz en el desierto de los cielos un abismo de ojos que ciñen tras la fronda
negra santa oscura de manos encendidas roja santa de abismo fruto de tu vientre la tarde fruto de tu vientre caída fruto de tu vientre mi semen de plata fruto de tu vientre mi lengua fruto de tu vientre la nada fruto de tu vientre María rota fruto de tu vientre María ciega
Santa madre de los dedos que miran mordida es fruta nuestros pechos nuestros pechos en hondas verticales Santa madre de los dedos que miran Santa madre de los dedos que miran
torre de marfil la punta de tu lengua rosa de mirra cuece tu sexo roto su labio come fruto tu sexo come sexo roto come labio come sexo erguido come santa come caminante traga tiempo lame brisa con su boca negra con su oro rojo con su carroña de hálito dulce y traga tiempo traga tiempo traga tiempo
cae el monte cae el monte a tu paso y a tu paso se desatan las trancas de la lluvia cae el monte de gente cae el monte dormido
2.000 estrellas más arriba de la estrella polar
pasé, muerto de frío, con la luna en los brazos,
escupí las ciudades, las avenidas chisporroteaban como cirios
enfrente de las casas lucían llamas cuidadas como un árbol
sin conocimientos del agua.
Los cuartos con señoritas, los patios con mastines,
los manteles esperaban ansiosos el tintineo de cuchillos,
la consagración del vino donde una larva roja
huía entre el reflejo de las botellas.
La muerte de los pavos no cabía en las bandejas,
comidos fuera de navidad, sus huesos fueron arrojados
por la puerta de atrás de los pobres.
2.000 estrellas más arriba de la estrella polar, en una galaxia bella
no puedo describirla, fundé mi casa entre horcones de oro macizo
y puse un número también bello para distinguirla.
Seis días de trabajo y al séptimo colgué mi ropa por el cinturón
y salí al aire a lavarme las manos.
¿Qué hacen varadas las poblaciones con un cementerio a la salida
otro a la entrada, cada cual golpeando encima de su fosa
un metro alto de tierra sobre la cual se riegan las amapolas?
¿Qué hacen varadas las poblaciones con tallos de neón
siempre a la misma hora y con analfabetos buscando sus parientes
en direcciones anotadas entre letras gigantes, del tamaño de una pulgada?
¿Dónde el río, dónde el mar?
Talé montañas completamente olorosas, mi hacha se quebró
y busqué otra, más dura, oída en el Mediterráneo.
La gente oía los golpes y recibía noticias de incesante labor.
Icé las velas a orillas de los océanos
con provisiones que no le daban tregua al diente.
Mares rojos, mares inmóviles, mares espantosamente altos.
Los continentes recibían cada mañana un beso
los doblaba por detrás de penínsulas y las aves volaban encima
del timón como sobre una rosa.
No fue hoy, puedo decir que siempre. Aun antes del humo
cuando forzaba caracoles y destrozaba sus tapas para alimentarme,
cuando el cobre despertó clarín y el hierro recamaba los pechos
y lucía en las cabezas y en las picas sobre astas de madroño.
Ni yo ni mis cabellos éramos visibles, pues el polvo ejercía sus dominios.
Sólo mis órdenes a través de lo espeso
sólo los corazones manando sangre.
¡Ciudades mías, con brea ardiendo sobre los techos!
¡Siervos, adoro los domingos cuando salgo a bautizar vuestros hijos!
Dadme un almud de trigo y está bien. Os doy un calendario lleno
de Santos y mis iglesias queman incienso y canto sobre el atrio a coro.
Cazo mis jabalíes y no pregunto nada. La historia está sobre los
espinazos, marcadas con hierrro las gibas.
Cuando debía durar, duró. Somos exactos y entre desmayos
pasé por guillotinas cabezas coronadas. Fundí la cera
que sellaba los labios, visité las imprentas y durante tres noches
hubo más escritura que luises del Imperio.
Nieve de calofríos. Le jour de gloire est arrivé
como un gran día, como un gran día.
Mucha necesidad de mar, como si el mar fuera de ingleses y de España.
Yo soy Sir Walter Raleigh de relente, y ya está distinguido ese
barco con siete capuchinos dormidos sobre cubierta.
¿Cómo evitar mis cañones de Sotavento, mi sonrisa pisando la seda
contando con un golpe de ojo las perlas, los doblones y todo cuanto
pueda aprovechar, reina mía?
Envío de los tesoros del cielo y de la tierra y los que lleva el mar.
Como una divinidad, y esto es otra cosa, las arenas de Asia
fueron guardadas entre cajones, finas, como cintura de la más bella hindú.
El mapa de las especias, más codiciado que sexo de egipcia, en el
puerto de Londres, marea de los mercaderes y entre sorbos de whisky
trazan con lápiz rojo los nombres misteriosos.
Oriente brilla como un brazalete de seda marcado con pedrerías.
2.000 estrellas más arriba de la estrella polar, el mundo hacíase
a su antojo, en tanto el Missisipi lleno de negros ahogados
y negros que ondean blancas vegas o negros sobre una rubia pradera
de tabaco. Negros arponeados y hundidos con la madera del arpón
hasta las costillas, empujados al fondo de la corriente, awk, awk, awk.
África recordada como en navidad, pateaban por el culo y caían de cabeza.
60.000 barcos florecían diseminados en el estuario.
Poco después de Abraham, trenes y aviones y una carreta llena
de pieles rojas despellejados, arrojados bocabajo. Los buitres
se tragaban los ojos en tanto Wall Street se erguía con ala de
platino tendida sobre los suyos.
Nos, americanos y latinos por añadidura, por la teta que despierta
hacia África, llegaron lusitanos dormidos bajo la gaita y el resto
de la tierra se ornamentó de españoles. Varones barbirrojos plantaron
un cafeto con círculos de agua brillando sobre la raíz.
El Dorado enterró rubios Belzares que lloraban por una cerveza
y hablaban con Sigfrido sobre el anca de los caballos.
2.000 estrellas más arriba de la estrella polar una luz vagabunda me ilumina
la cara y el corazón es nítido como el fruto de un árbol.
Más acá del Dunquerque, entre detonaciones ¡nada de infiernos! París
recostaba su Arco de Triunfo como un tulipán sobre el pecho de un muerto, y
Nagasaki saltó, tal una liebre, arrojada en el fuego.
Poderosos, semejantes al mar, los soviéticos balancean los hombros
y cantan con estruendo jamás conocido.
Entre sotos y moreras los chinos riegan su patria con arroz, como
en la boda y grandes torres ¡jamás arrepentidas! truenan sobre la infancia más bella.
Cuba nos mana del corazón como un chorro de sangre que llega hasta los cielos
y los pinta de oro, 2.000 estrellas más arriba
de la estrella polar. ¡Mi casa está teñida de alegría entre horcones de oro macizo!
Arnaldo Acosta Bello
De Fuera del paraíso. Caracas: Monte Ávila Editores, 1970. pp. 63-68.
Biblioteca Nacional de Venezuela. Cota: V861.44 A185f
Si en vez de dormir _____bailara tango _______________con sus ministros _____y sus jefes de amor nosotros podríamos oir ___de noche en noche su taconeo de archiduque o duquesa. Podríamos reír sólo de verle, ridículo como es, esperar los aplausos de toda la gendarmería frenética. Claro que uno está cansado y quiere un poco de diversión _____monstruosa, como ésta _____de verle con la lira en el cuello _____colgada, como un romano o como una romana ciega de absurdas creencias geniales. Si en vez de prometer el descubrimiento de la piedra ______________________filosofal que ha de producir pan _________________y billetes de veinte se dedicara, por lo soberbio que es, a vender patatas podridas o maíz rancio, los indios de esta nación le llamarían ______Cacique Ojo de Perla.
Si en vez de llorar te murieses un día de estos, _______como una puerca elegante con sus grasas importadas del Norte, nosotros, que estamos cansados ______________de tanta estúpida confesión, pondríamos a bailar las piedras y los árboles darían frutos manufacturados.
_____Con tu vieja y putrefacta osamenta, alimento de ratas, llenaremos un solo lugar de esta tierra y la llamaremos ____________la Cueva Maldita y será proscrita de ver y de acercarse a ella por temor a despertar tus histéricas _______________________ternuras.
Te llaman José el de los sueños, el de las vacas sagradas, el dueño de las vacas más flacas ______y Presidente de la "Sociedad Condal del Sueño". Tus amigos te llaman _______________Barbitúrico.
¿Hasta cuándo duerme usted, señor Presidente?
Si adora la vaca, ____________¡duerme! Si al becerro adora, ____________¡duerme! Y si el General le da su almuerzo, duerme como una lirona o le da una pataleta de sueño.
Cara de Barro, Ojo para ver las Serpientes _____________________y llamarlas, Ojo para hacer compañía y quemarte con el humilde Kerosene, Ojo para tenerse a mi servicio como mozo de alcoba _______________barato.
¿Duerme usted, señor Presidente? _______Le pregunto por ser joven apuesto _______y no como usted, señor de la siesta.
Ojo de barro y Water de Urgencia.
Caupolicán Ovalles De Duerme usted, señor presidente? Caracas: Ediciones del Techo de la Ballena, 1962. s. npp. Biblioteca Nacional de Venezuela. Cota: V-43 C-442
"...hay una certidumbre: este libro no conduce hacia premios de la revolución, ni a invitaciones a viajes, ni a las mesas de los 'rebeldes' con palacetes ni bandas de ensalzadores. Hay aquí una pura y desinteresada hombría, hecho rotundo contra el cual se estrellan todas las acusaciones de los aficionados al cartel o a las especulaciones en torno a una pretendida profundidad de lo formal. (...) Se trata de una poesía que se da como una necesidad cotidiana, sin preparaciones, regodeos o perturbaciones de la existencia. Se da así, simplemente, deshonestamente poética, como quien se dispone a ingerir los alimentos o a defecar".
Adriano González León
De "Investigación de las basuras". Prólogo a Duerme usted, señor presidente? de Caupolicán Ovalles.
Un dragón no es un
dragón hasta que un
poeta no lo decide.
Ludovico Silva (1937-1988)
Sentí pesar de media vida
cuando cesó el estruendo
y advertí que mi alma era su cueva,
que yo era mi dragón, mi enemigo inmediato
Eugenio Montejo (1938-2008)
Cada poeta es un universo particular en constante nombramiento. La palabra es la estrategia fundacional, su génesis. Una misma ciudad y un mismo tiempo —incluso: el mismo sector de esa ciudad; los mismos instantes del tiempo colectivo— engendra voces poéticas disímiles precisamente porque un estilo es, más que sólo una singularidad, un idioma propio.
Eugenio Montejo y Ludovico Silva compartieron el ítem biográfico de haber hecho vida en la zona caraqueña que la joven historia municipal hoy reconoce como Chacao. Dos poesías distintas —en la mayoría de las ocasiones diametralmente opuestas— compartieron tráfico, climas y vecindad. Dos poetas comprometidos con la palabra desde aristas distantes compartieron los años de creación poética y los conflictos creativos de una carrera literaria en la segunda mitad del siglo XX. La intención de este segundo taller será contrastar ambas poéticas y atender como, aparentemente y con la palabra de por medio, dos universos incomparables y en nombramiento se conformaron al unísono, como en un cruce de aceras.
También, en el transcurso del ejercicio colectivo de lectura, se revisarán las obras de otros poetas con experiencia parroquiana (Blanca Strepponi y Alberto Barrera Tyszka, entre otros) o cuyas obras hayan sido marcadas de algún modo por Chacao (pocos saben que el grupo Tráfico, por ejemplo, se reunía cada jueves en La Castellana).
Este segundo taller intenta convertirse en un gesto de agradecimiento a la Casa de la Cultura de Chacao por apoyar la labor de El Salmón - Revista de Poesía.
Para más información comunicarse con la Casa de la Cultura de Chacao. Teléfonos: 0212-263.05.12 / 88.25.
El tercer número de El Salmón — Revista de Poesía se titula “Artefactos”, y es el producto de una investigación sobre la poesía experimental venezolana del siglo XX. Ya no es el poema inalterable, ya no la sonoridad ni la metáfora. Nos convoca esta vez la emancipación del significante, el peso del sentido puesto en vilo. El poema convertido en artefacto, en rotación y desajuste: la imagen escrita. Para comenzar nos encontraremos con un artículo de Martha Durán sobre los Grafopoemas (1992) de Ramón Ordaz y una revisión de Oscar Rodríguez Ortiz acerca de los Trans-verbales (1967-1971) de Alfredo Silva Estrada. También podrán hallarse en las páginas de la revista, como parte de las acostumbradas reseñas de poemarios olvidados, textos críticos sobre Samuel Villegas, Gelindo Casasola y Arnaldo Acosta Bello. El dossier poético está conformado por trabajos de Julio Miranda, Juan Calzadilla, Andrés Eloy Blanco, Elmer Szabó, Carlos Contramaestre, Lino Cervantes, Gilberto Ríos, Ludovico Silva, Rafael Cadenas, Dámaso Ogaz, Darío Lancini, Gustavo Pereira, Andrés Athilano, Rafael José Muñoz, Ángel Mila y Salustio González Rincones, entre otros. En la sección de poesía inédita presentamos una selección de Logodédalos, el libro-artefacto que el gran Darío Lancini prepara desde hace varios años. Como novedad, incluimos un espacio llamado “El alevín”, donde tendrán cabida nuevas voces de nuestra poesía, como la de Elizaria Flores, cuyos poemas inauguran dicha sección. Próximo número: “Soldado”.
En el N° 3 de El Salmón - Revista de Poesía inauguramos una nueva sección llamada "El alevín", espacio dedicado a las nuevas voces que se encuentren emergiendo (o sumergiéndose) en la poesía venezolana actual. En esta ocasión utilizaremos nuestro blog para complementar la selección de textos que hicimos para "Artefactos" del poemario Variaciones no estables del hablante 5972, escrito por Elizaria Flores, poeta venezolana radicada en Mérida.
1. Ficción Sombras que ocultan una sombra Trama de huidas cotidianas Soflama y artificio Me escondo en el relato diario
2. Olvido, desdibujo, larga caída en un abismo liso con espejos Girar sobre sí mismo y fragmentarse Esta es mi fatua inmolación del día, suplicio inútil
10. Una mujer y su sigilo dormitan al filo de la calle Estrecha en callejón y deslustrada, la calle guarda ciertas atrocidades La palabra geranio con sus muertos, un odio, una vigilia Cierta fragancia que pudo ser el mar o la agonía La madrugada es breve
17. En el filo bailando, en las horas pico, contando los pasos Al borde de la raya amarilla Sin estridencias Viendo pasar los trenes, calmadamente calcular distancias Esto es la lucidez y la cordura
35. Las noches caen inclementes Con vidrios rotos y con frío, las noches caen sobre la ciudad Una arenilla fina Hojas secas Insectos.
36. En las noches que son para morir, no muero Vago entre todo lo dispuesto mientras la muerte ostenta sus carros y sus balas Sus ladridos, sus pájaros, sus voces agitadas Órdenes y elecciones exhibe sus catálogos, impúdica Mi negativa es su estupor. No muero
___El lenguaje original de este canto tiene cierta analogía con el de los latinos que habitaban la Tierra, siendo sin embargo del grupo de lenguas peninsulares, desaparecidas con el cataclismo que hundió a España e Italia y parte del Mediodía de Francia. El idioma menesolano (Menesola se llamaba el país donde lo hablaban) nos da una idea de lo que era el extinto español, italiano o francés, y muestra además la influencia de otras razas comerciantes, pues se parece a las palabras de las claves que nosotros usamos en nuestro comercio con los planetas. De los Menesolanos se sabe poco, pero sí está puesto en claro, que su anhelo era morir al tener uso de razón y no la empleaban sino con este fin, llegando a él sea por medio de discusiones o de guerras1, dirigidas por Menesolanos que no tenían lo que llamamos en Saturno, prestigio ni patriotismo, pero que los Menesolanos seguían ciegamente con tal de perecer. Tenían tan desarrollado este instinto que si por casualidad alguno de ellos tenía la buena idea de mantenerlos en paz, todos se ponían a conspirar contra él y lo vilipendiaban. Este modo de pensar, es para nosotros tanto más incomprensible cuanto que los Menesolanos no podían como nosotros morir en el Planeta y resucitar en el Anillo, a voluntad! Pero de nada debemos extrañarnos cuando se trata de un Planeta tan atrasado como fue la Tierra. Y además, mal podemos darnos idea de Menesola, que como París, p. ej., causa tantas discusiones en el mundo de los sabios saturnianos. Si de París sabemos con toda exactitud que estaba situado en el Istmo que unía el océano Atlántico al Pacífico, no tenemos tal certeza con respecto a Menesola que el eminente List Uao colocó, primero en el Polo Norte de la Tierra y luego, corrigiéndose, en el Polo Sur! Lo que sí parece es que este pueblo había logrado servirse de los ríos para captar la música que tocaban en Marte. Problema que no hemos podido resolver nosotros y que sea dicho con franqueza, es una vergüenza.
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___1.___Después de una marcha por las costas de Cororo, penosa y mortificante para el Ejército tuvimos un percance: Dos vapores del Gobierno Nacional, viéndonos andar por plenas sabanas se nos vinieron encima para ver qué fuerzas éramos y tanto yo que era el jefe como el del Estado Mayor General presentimos un desastre, porque las tropas les tenían pavor a los cañones y así nos desbandamos en lo que éstos empezaron a tirarnos ponchas… Pudimos reunirnos tierra adentro, y gracias a un indio viejo que topamos en un rancho sin techo, salimos al pueblo de Cocuyo donde fuimos recibidos por los habitantes y tres cajas de música tocadas por tres italianos pianiteros. Estuvimos allí una semana y levanté un emprésito forzoso a nombre de los Principios, dedicándome a enseñarles a los oficiales la guerra de guerrillas, tal como la entendía el Estado Mayor General de Generales que componían nuestras tropas, en donde había solo cuatro soldados rasos no ascendidos por no tener más títulos de General entre los papeles del archivo, que metidos dentro de cuatro latas, formaban la carga de una mula negra muy mañosa. Ya descansados decidí abrir operaciones y destacar un cuerpo de 25 hombres hacia la boca del río; tuvo que retroceder, porque en ella estaban otra vez las cañoneras lloviendo plomo. Entonces me hablé con el inglés jefe de la mina de cobre para que fuese a bordo y les dijera que no nos tirasen pues la tropa se componía de oficiales. Le contestaron que fuera yo a decirlo o que me presentara a las tropas del Gobierno, acampadas al fin de la línea del ferrocarril que salía de la mina. El Estado Mayor General se reunió en casa del inglés, donde por poco nos matamos echándonos la culpa de lo que pasaba. El inglés aceptó dejarnos ir por la línea a condición de que le pagaran una pila de libras esterlinas por los daños que iba a sufrir. El comandante de las cañoneras convino en que la reclamación la pagaría el Gobierno, si el inglés le arrimaba la canoa después.
Nos pusimos en marcha por la vía del ferrocarril, pero antes, formamos una tirería al aire para gastar las cápsulas. Procedimos a quemar los papeles y le regalé la bandera al indio baqueano para que le sirviera de cobija por ser de lana colorada. Cuando llegamos a entregarnos, fue con las botas rotas y las bestias mancadas, pues el balasto era ganga de cobre, que cortaba como un ácido las suelas y los cascos.
(STBL&AI&OA&RC&NS)
Presidente del Triángulo de los Dos Lados —
Director del Cubo Científico del Anillo —
Inventor de los Asteroides Reconstituidos y Ministros para
las Relaciones con Planetas Atrasados. —
Saturno 10.0001/99/00).
Salustio González Rincones
De La yerba santa (1929).
En Antología poética. Caracas: Monte Ávila Editores, 1977. pp. 177-181.
Biblioteca Nacional de Venezuela. Cota: V861.42 G643